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domingo, 16 de febrero de 2014

Una pausa o el final...

Por veredas angostas encontrarás las ensangrentadas huellas de los pasos que me condujeron aquí, cuerpos sin vida de monstruos imposibles hallaras si sigues mi camino hacia atrás, ecos de tristeza y dolor que resuenan en el pasado y se extienden al presente pero al fin aquí estoy, desnudo de ropa y con el bastón maltrecho que es mi propia dignidad, llamando a tu puerta con los nudillos fragmentados de tanto batallar durante un viaje que se antojó no tener designio ni final.

Estoy llamando a tu puerta con todas las fuerzas que me quedan, ¿acaso no consigues oírme? Ábreme la puerta y permíteme cruzar el umbral, dejaré fuera todo aquello que no es puro ni natural, soy solo lo que se ve y siente sin espejismo que mostrar, prometo no hacerte promesas y ser aquel que soy y que no se puede ocultar, me entregaré a ti mientras decidas ser mía. Me arrancaré los prejuicios y haré con ellos una vela con la que iluminarnos cuando las sombras nos envuelvan, despellejaré mis miedos y de sus jirones, con nuestros besos y caricias, coseremos una manta de ensueños para ampararnos cuando nos atrape el invierno. Nos alimentaremos de la carne de la desconfianza que sacrificaremos en el altar de nuestro deseo, soltaremos las cadenas de la pasión y ataremos con ella las represiones, estudiaremos en braille el lenguaje en que se comunican nuestros cuerpos, buscaremos las verdades que se ocultan tras el azul  iris, ahogaremos los reproches en la intensidad de nuestras miradas. Seremos nada y lo seremos todo mientras esta sonrisa brille como una sola luz en nuestras dos caras.  

miércoles, 22 de enero de 2014

Sino me hiciera dudar...

Otra mañana fría, en la que el sol, aunque presente, parece no funcionar. Una vez más me toca hacer de chófer, de acompañante y criado, y en general no está mal, salvo por los ratos enormes de espera en los que nunca sabes cuánto tiempo tendrás que estar ahí esperando. De modo que tras el primer alto en la jornada, me dispongo a buscar una cafetería para tomar mi segunda dosis de energía líquida. Cuando por fin encuentro una cafetería me invade la alegría, al menos hasta cruzar el umbral. La densa atmósfera me aplasta nada más entrar, aire cargado de olores a bollería y decenas de colonias que se mezclan volviéndolo una sustancia desagradable para respirar, y un bullicio que despierta mi fobia social. Mientras me planteo si salir de nuevo una pareja mayor se levantan de una mesa, y por fortuna para mí, está en la parte más recóndita del local. Inspiro profundamente y me lanzó a la aventura, me siento cuál Indiana Jones urbanita, sorteando obstáculos y peligros mientras recorro apresuradamente los pocos metros que me separaban de la mesa.  Ahora a esperar a que el ajetreado camarero disponga de un momento y consiga llegar sorteando la marabunta de personas que abarrotan el lugar, al menos hoy no tengo prisa.

Entonces el día mejora en un parpadeo, cuando la descubro en la otra punta del local como una flor brillante sobre la nieve invernal, una mota intrigante en un cuadro plomizo y tedioso. Intercambios de miradas, sonrisas tentadoras que me hacen olvidar la peste del lugar…me sonrojo cuando el camarero me toca en el hombro para sacarme del sueño. Un poco avergonzado pido mi  café y lo pago por adelantado…no vaya a pasar por más vergüenzas…luego te levantas, y cruzas la puerta del local, una última mirada furtiva que me acaba de hacer temblar… lastima no haberme levantado e irte a buscar, tal vez lo que después se me paso por la mente se hubiese vuelto real, podríamos haber sido dos luces sin nombre creando una sola sombra.

viernes, 17 de enero de 2014

Un nuevo renacer.

Puede que esto sea retornar de nuevo a la vida, volver a sentir la sangre fluir, recorriendo cada centímetro de tu aturdido cuerpo. Es un nuevo amanecer en el que el aroma a primavera se filtra entre el tufo a humedad podrida, en el que las tinieblas de la permanente tempestad se quiebran con cada colorida saeta que anticipa un verano que llega con retraso. Abrir los sentidos para descubrir danzantes formas irisadas cebándose del tapiz monocromo  que envuelve tu vida, esa burbuja que condensa la agonía, que destila tus miedos para envenenarte con su esencia mientras sueñas y que al fin se va desvaneciendo…

En algún momento a lo largo de la efímera noche mi ser, mi propio yo, salió de su letargo, de su larga y fría hibernación. ¡Qué extraña y dulce sensación la de volver a sentir! Es como si hubiera recordado de repente el lugar donde se esconde un gran tesoro, lleno de reliquias inmensurables, como si el niño que hace tiempo fui encontrara el camino hasta mí, aquel que hace tanto que el mundo adulto me arranco regresara para traerme las ganas de vivir. Sigue habiendo enormes agujeros en mi alma que no se han cerrado, hay carencias en mi vida que tal vez nunca se cubran, siempre tendré bolsas de tristeza almacenadas en lo más profundo de mi ser, con sus fugas y escapes, pero ahora vuelvo a ser más que un cuerpo, más que la sombra de lo que fui. Al fin siento tantas emociones y tantos deseos… quiero levantarme y correr descalzo por el asfalto ardiente bajo el sol estival, saltar en los charcos y el barro hasta parecer un golem, rodar sobre la fresca y verde hierba, lanzarme al agua de un rio y bañarme desnudo bajo la luna llena, tumbarme sobre la seca tierra cuando estalla la tormenta y sentir el agua deslizarse sobre mí, hacer muñecos de nieve y guerras de bolas,… Tengo ganas de ser un iluso soñador, un bohemio romántico, un mujeriego empedernido, un impulsivo vergonzoso,… tengo ganas de volver a ser quién fui. 

jueves, 2 de enero de 2014

Primeras palabras

Palabras de un necio buscando quien las vuelva sabias, esencia perdida entre pesadillas y desesperanzas, desazón que alimenta ecos de murmullos mudos que no se pueden pronunciar. Pasos y más pasos, lejanos y cercanos, errando en busca de un acierto que no llegas a encontrar. Al fin eso soy, sombra bañada en luz, que nadie consigue observar, el que grita en el silencio de una mirada de falsa felicidad, el que se muestra cuando nadie ve,… tan sólo inane esencia encarnada sin ánimo ni finalidad.